Nuestra protagonista, a quien
llamaremos Sandra, abre lentamente sus ojos; a decir verdad siente sus parpados
pesados, debido a las abultadas ojeras, formadas por el llanto incontrolable. Ella no recuerda cuantos días o noches lleva
echada en su cama, llorando y abúlicamente sin esperanzas.
Su almohada se encuentra húmeda
por las lágrimas, pero al mismo tiempo esta almohadilla es su mejor aliada,
además de haber sido su compañera los últimos días. Aquella compañera a la cual abraza
fuertemente como si fuese un ser animado. Aquel respaldo, al cual parece
contarle sus problemas, sin siquiera hablarle.
Aquel almohadón que lo sabe todo y a la vez, no puede contar nada.
Sandra no tiene a quien acudir. Ella no cuenta con el apoyo de su familia. Siente
culpa y angustia por sus acciones erráticas, por las veces que dañó a otros,
por las veces que se autolastimó y se autosaboteo. Su mente y sus pensamientos,
son sus peores enemigos en estos momentos y sólo producen que ella vuelva a
sentirse mal.
Ella tiene algunos amigos, pero a
pesar de ello se siente sola; ya no quiere contar sus problemas a nadie porque
cree que va a ser juzgada; porque se cansó de escuchar diversos y a la
vez diferentes consejos y puntos de vista.
Se cansó de oir opiniones – que por muy certeras que sean – sólo
terminan por hacerla sentir peor. Se hartó que los demás le digan que exagera demasiado por un problema que tiene solución. Pero en ese momento, ella lamentablemente, no lo puede ver así.
Entre pastillas para dormir – sin
prescripción médica – ingeridas, que le impiden despertar por completo; llanto cada
vez que recuerda el pasado; abrir los ojos y volverlos a cerrar para intentar
dormir, el piso lleno de papelitos envueltos con moquillo y lágrimas secas, y
una incesante caminata de ida y vuelta, alrededor del pie de su cama, nuestra
protagonista no logra tomar una decisión.
Y es que en realidad, en este
momento, por más videos de autoayuda que vea en YouTube, por más cuentas
“espiriturales” y “positivas” de instagram que siga, por más grupos de apoyo a
los cuales se una en Facebook, nada logra concentrarla o ayudarla.
Ella siente una profunda
tristeza, y en algunos momentos le ha surgido la idea de no seguir avanzando
más, pero a la vez, tiene una minúscula pizca de fe que le permite seguir
aferrándose a la vida. Es difícil para
ella, porque percibe una ambivalencia de decisiones, en la cual le cuesta
luchar por tomar una decisión. Pero es aquella misma minúscula fe, la que le da
cierto coraje para no acabar con todo el dolor, de manera abrupta, y que evita
que ella caiga en un sueño eterno. Ella
intenta orar e invocarse a Dios sin siquiera recordar como rezar o de que
religión es.
Entre las tantas acciones que ha
llevado a cabo y la información recabada, decide ir en busca de ayuda
profesional, es momento de ir en busca de un buen psicólogo y quizá psiquiatra. No tiene idea de como es
que tomó esta decisión, de como es que aún queda algo de fortaleza y fe en su débil
ser. Pero es que al final, cada quien
vive diferentes grados de emociones dentro de una depresión. La antropología nos dice que el ser humano
siempre se aferra a la vida y a su propia fe, que siempre lucha por salvarse, y quizá
esto que aún quedaba en Sandra, es lo que la ha hecho decidir.
Ella decide
iniciar el camino hacia el cambio y la transformación. Se muere de miedo. Comienza a pensar en la inversión monetaria
que hará, en las pequeñas decisiones que deberá tomar, en los caminos que debe
de tomar para poder salvarse, en los cambios a los que deberá enfrentarse. Es consciente que está sola y que sólo ella
será responsable de su salvación. No tiene la más mínima idea de lo
que pasará a futuro, pero al menos ya sabe que hará los siguientes días con su
vida.
En esta corta historia sólo se relata un breve episodio, para mostrar lo que la tristeza, la soledad, el vacío y
una depresión pueden generar en una persona, dependiendo de los grados de estas emociones negativas. Esta
historia tiene un final feliz, pero lamentablemente no todos logran salir del "hoyo". Si estás pasando por un cuadro de depresión, ¿Qué final feliz quieres darle a tu historia? Busca ayuda, te lo ruego por favor. No tomes decisiones impulsivas o
apresuradas. Mientras respires, aún
estas a tiempo de arreglarlo.
Autor: Mónica Chang


